Cada crisis financiera tiene sus propios nombres. La Gran Depresión de 1929 de Estados Unidos se asocia a la desorbitada especulación bursátil de Wall Street en los años previos. En la Gran Recesión de 2008 descubrimos el impacto de las hipotecas basura (conocidas como subprime). Se trataba de préstamos hipotecarios que se concedieron a personas con menos garantías y en consecuencia con mayores riesgos que luego mezclados con otros productos se revendían como si fueran de máxima calidad. Engaño y codicia, de la mano.
