Esta semana he caminado durante tres días por los pasillos de Alimentaria 2026 en la Fira de Barcelona. No he ido de turismo ferial: me he centrado en visitar empresas españolas para descubrir productos, envases, sabores y, sobre todo, para tomar el pulso real al potencial exportador nacional. La pregunta que me acompaña desde hace años sigue siendo la misma: ¿por qué el mundo no está lleno de productos españoles, siendo que su calidad es fantástica y sus sabores únicos? Pues bien, hoy puedo decir con evidencia de terreno que eso va a cambiar. Y a corto plazo.
