Definir la felicidad no es sencillo. Es un concepto escurridizo, atravesado por factores personales, sociales y culturales. Sin embargo, los datos muestran que, más allá de la cuestión emocional o subjetiva, también está marcado por la base material. El acceso a ingresos suficientes, una vivienda estable o un empleo no solo condicionan la calidad de vida, sino también la percepción de bienestar. “La felicidad depende de muchos factores, y uno de ellos sin ninguna duda es el económico”, resume Rafael Ravina-Ripoll, uno de los autores del Informe Socioeconómico de la Felicidad en España, presentado este jueves en el Colegio de Economistas de Madrid.

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