En los dos últimos años Israel (con y sin Estados Unidos) e Irán han intercambiado ataques aéreos por salvas de misiles en varias ocasiones. En cada una de ellas, el impacto sobre el mercado petrolero ha sido prácticamente nulo; medido no en días sino en horas. La relativa resiliencia de los mercados ante otros ciclones invocados por Donald Trump ha incentivado, también, una cierta circunspección en el mercado tras el ataque de hace una semana. La subida en el precio del petróleo ha sido más paulatina que explosiva; el mercado ha preferido cotizar los profundos riesgos que implica el cierre del estrecho de Ormuz de forma progresiva y a medida que fueran ganando verosimilitud… Es decir, al contrario de lo que suele hacer.
