Barcos portacontenedores en el puerto de Tanjung Peelepas (Malasia), en 2023.

El conflicto en Irán no solo ha alterado los mercados financieros, con caídas de vértigo en las Bolsas y subidas pronunciadas del gas natural y el petróleo que, de mantenerse en el tiempo, tendrían traducción directa en lo que los conductores pagan en el surtidor y los hogares en la factura de la luz. También amenaza con abrir un nuevo frente inflacionista en el flanco del transporte marítimo, el verdadero sistema circulatorio de la economía. Por los océanos circula más del 80% del comercio mundial a bordo de pesados portacontenedores de cientos de miles de toneladas. Y el incendio bélico en Oriente Próximo ha empujado a las principales firmas propietarias de estos buques a evitar el estrecho de Ormuz —en cuyos alrededores al menos tres embarcaciones han sido atacadas en las últimas horas— y el canal de Suez, clave para los intercambios entre Asia y Occidente. En su lugar, están optando por dar un enorme rodeo por África a través del cabo de Buena Esperanza. Consecuencias: más tiempo en el agua, tarifas más elevadas, retrasos en las entregas, y potenciales subidas de precios para el consumidor si los importadores trasladan esos sobrecostes a sus productos.

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