En una estación de tren neerlandesa, el juez Nicolas Guillou se detiene ante un cartel colgado en la ventanilla: no se admite efectivo. Debajo, se suceden los logos de los medios de pago aceptados, todos estadounidenses y chinos. Para la mayoría de los pasajeros es un detalle más. Para él, un recordatorio de que ha sido desconectado del sistema financiero. Desde hace meses, Guillou está sancionado por Estados Unidos por su labor como juez de la Corte Penal Internacional (CPI) al investigar la actuación de Israel en Palestina. Al presidente estadounidense Donald Trump no le gustó que un juez hiciera sus pesquisas sobre un Estado aliado y le sancionó económicamente. Desde entonces, las empresas estadounidenses rechazan sus operaciones de pago. No puede tener una tarjeta de crédito, ni pagar con el móvil, ni comprar ese billete de tren.
