La vivienda es hoy el bien más urgente. Y su política, la más difícil. Por varias razones. Por su naturaleza dual, al tiempo un derecho constitucional (también doble, al techo y a la propiedad), y mercancía. Así, se mueve entre dos polos muy polarizados: ultraintervencionista (el tenedor, atacado por “rentista”) y ultraliberal (el “okupa”, como antisistema). Lo que dificulta acuerdos políticos.
