El consejero delegado de Ford, Jim Farley, ha mantenido conversaciones con altos representantes del Gobierno de Donald Trump para estudiar un marco en el que se permita la entrada de las marcas de coches chinas a EE UU. La entrada se haría, en caso de cristalizarse, obligándoles a producir localmente a la vez que se ofrece cierta protección a las automovilísticas nacionales, según indican fuentes cercanas a las discusiones. La idea, que miembros del gabinete de Trump hablaron con Farley en enero, implica que las automovilísticas del gigante asiático lleguen de la mano de socios locales y creen empresas conjuntas en las que la mayor parte del capital estén manos de la parte estadounidense.

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